El que lo toca, lo paga.

Llevaba varios días queriendo escribir, y si bien el tiempo me ha faltado aunque no las ideas, hace un par de días hubo una noticia sobre la que no puedo dejar de hacerlo.

Hace dos días, cinco hombres violaron a una mujer a la salida de una caseta de la feria de Málaga, los agentes encontraron a la chica tirada en el suelo a las 8 de la mañana, y gracias a la descripción que ella hizo de ellos los han logrado detener. (La noticia la tenéis aquí )

La noticia en sí es despreciable, pero por desgracia, lo que la hace aún más despreciable, es que no es una excepción. Los abusos sexuales, las agresiones y las violaciones son un continuo en la vida de muchas mujeres.

Lo primero que me llama la atención tras este hecho ha sido un comunicado en la página del Ministerio del Interior mandando unas “recomendaciones” para las mujeres del tipo (podéis verlas Aquí): no vayas sola por la calle, evita entrar en ascensores con desconocidos, lleva un silbato (¡un silbato!) a mano… Todavía estoy esperando una página del Ministerio en la que ponga:  VIOLAR ES UN DELITO DESPRECIABLE, NINGUNA PERSONA TIENE POR QUÉ SUFRIR QUE SEAS UN DEGENERADO Y UN MALNACIDO, Y SI LO HACES, LO PAGARÁS CARO. O algo así, no sé, algo que no nos haga sentir culpables a nosotras por no ir lo suficientemente protegidas, lo suficientemente atentas, por no estar lo suficientemente asustadas.

El caso es que es muy fácil culpar a la mujer. Quién no ha oído la frase “con esas faldas tan cortas y esos escotes, luego que no se quejen si les meten mano”. Discúlpenme señoras y señores por querer llevar lo que me venga en gana, tenemos hombres que van por la calle sin camiseta, mean en mitad de cualquier sitio público, llevan los pantalones a la altura de las rodillas o suben fotos medio desnudos a redes sociales, y de repente aparece una mujer con una falda corta o que decide quitarse la camiseta y acto seguido se convierte en un objeto que se merece ser tocado, apretado y pellizcado?  Lo que yo quiera enseñar de mi cuerpo no lo convierte en un escaparate, o en un buffet libre. Mirar no es sinónimo de tocar, ni mucho menos de “tómate la libertad de manosearme”.

Vivimos en una sociedad donde un hombre antes de  violar a una mujer ha tenido la plena libertad para decirle lo que le dé la gana en mitad de la calle (desde “guapa” hasta “puta” por llevar un vestido), después tienen la libertad de meter mano lo que se les antoje -dando por sentado que lo peor que les puede pasar es que les pille el novio de turno, en caso de que lo haya- y encima después tienen carta blanca para llamar a una mujer “estrecha” y “calientapollas” porque ella en un momento dado dice NO, e incluso pueden -sin ningún problema y en muchas ocasiones con éxito-  forzarla para que termine “lo que ha empezado”. Después de todo lo que se dan cuenta que pueden hacer sin que NADIE HAGA NADA por evitarlo, o por castigarlo, ¿de verdad os sorprende que violen? es consecuencia natural.Y como veis, aquí todavía no he hablado de cómo viste la mujer ni por dónde camina, porque obviamente eso da igual, y la que no haya sufrido alguna vez una de estas agresiones a cualquier hora y en cualquier sitio, que levante la mano.

No somos objetos, vestimos como queremos, porque hace mucho tiempo que nos ganamos el derecho a llevar lo que nos diera la gana y a movernos por donde nos diera la gana, y parece que algunos no os lo termináis de creer. Y desde luego, no tenemos la obligación de acostarnos con vosotros porque en un momento dado hemos decidido empezar algo. Podemos parar, porque no nos guste, porque no nos sintamos cómodas, porque nos dé la real gana o porque nos hayamos arrepentido. Y no somos peores ni firmamos un contrato cada vez que tonteamos con un hombre. Cada vez que un hombre obliga a una mujer a terminar un acto está abusando de ella, y cada vez que lo permitimos estamos favoreciendo una violación sistemática a nuestros derechos, a nuestro cuerpo, a nuestra libertad.

Estoy cansada de tener que evitar calles, lugares, de vivir asustada cada vez que oigo pasos a mi espalda, de no poder llevar ciertas prendas porque con ello sé que hay hombres van a dar por sentado que soy un objeto comestible o violable. Y no es culpa mía, por mucho que salgan páginas del Gobierno alentándome a seguir ciertas normas para que me cuide, no quiero tener que cuidarme, quiero que un hombre tenga miedo a violarme, en lugar de ser yo la que lo tenga.