Yo, mí, me, conmigo.

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Estoy preparando una sesión clínica sobre antidepresivos (que ya os resumiré cuando la acabe, porque es muy muy interesante), y he caído en la cuenta de cuántas veces nos dejamos llevar por la idea de que una pastilla maravillosa nos arreglará cuando somos nosotrxs nuestras propias tiritas. Me explico:

Es normal que asociemos tener una herida física con ir corriendo a curarla, a nadie se le ocurriría rascarse una herida abierta para hacerla más grande. Sin embargo, en cuanto a emociones se refiere, no tenemos ningún filtro a la hora de dañarnos: o las negamos y las ahogamos, con lo cual no pueden ayudarnos a crecer y mejorar.; o nos hundimos cuando las cosas no son como queremos, haciendo entonces un empeoramiento drástico de nuestra situación.

Nuestras emociones, las reacciones a nuestra vida, nuestras penas, llantos, o gritos de ira, son parte de nosotros, tanto como lo es un brazo o nuestro hígado. Forman parte de ese todo que somos nosotros. A lo largo de los años nos hemos centrado en un modelo biológico, que describió Descartes por primera vez, que desvincula completamente el alma y el cuerpo, con lo cual, la enfermedad se convertía en algo puramente físico, quedando completamente desacoplada la mente, a la que dejábamos huérfana y sin un sustento. Pero ese modelo poco a poco ha ido demostrando sus grietas. No somos mentes libres desvinculadas de nuestro cuerpo, ni somos autómatas cuyos sentimientos no nos afecten a lo físico. Somos seres completos, que sienten, en el plano físico y en el plano psico-emocional, y cuidar sólo el cuerpo físico es un error que nos está saliendo demasiado caro. Tenemos las calles llenas de gimnasios proclamando a los cuatro vientos lo necesario para estar en forma, anuncios que te dirigen hacia el menú perfecto para que no te falte ni una vitamina despistada, y sin embargo las emociones no se nombran, no existen, quedan relegadas a libros de autoayuda que generan más rechazo que otra cosa (y después de conocer a algunos de lo que los escriben, no me extraña). Pretendemos que el mundo se adapte a nuestros gustos, vivencias y sentimientos, no dándonos cuenta que las frustraciones bien enfocadas nos ayudan a crecer y a desarrollarnos. Nos estamos quedando secos emocionalmente, porque  no estamos sabiendo poner a tiempo las curas necesarias para estar bien anímicamente. Hemos olvidado que abrazarnos, a nosotros mismos, no es cosa de locura si no de un acto inmenso de amor.

Justo esta noche he leído un artículo interesante sobre esto (que tenéis aquí ), son consejos, pequeños pero que bien enfocados pueden ayudarnos. Paraos un momento con vosotrxs mismss, dejad el resto del mundo a un lado, apagad las luces, poned la música que os gusta y mimaos, mucho.

 

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